viernes, 20 de octubre de 2017

Cadáveres en Barriles: Un asesino serial entre Nosotros

@By: Ocho.Gonzales

La deformación de conceptos:
En la pedagogía tradicional, se considera la enseñanza como un proceso que promueve la transmisión de los conocimientos existentes en la mente del profesor a la mente de los alumnos y se admite que el vehículo más eficaz para esta transmisión es la palabra oral, como método de enseñanza se utilizan bastante las clases expositivas que abarcan uno por uno todos los puntos del programa. Muchas veces se organizan trabajos prácticos, pero apenas como medio auxiliar de ilustrar lo que fue expuesto en las clases teóricas.
Las nociones adquiridas por el alumno a través de la palabra del maestro tienden, sin embargo, a desaparecer muy pronto, sin dejar vestigios apreciables. Para atenuar este inconveniente se hacen tests frecuentes y se les amenaza con reprobarles. El sistema descarga así la responsabilidad sobre los estudiantes, que utilizan el único recurso a su alcance: tomar apuntes de lo que dice el profesor y estudiar del cuaderno en la víspera del examen.
El profesor sabe también que las ideas se le escapan de la mente con frecuencia. Se habitúa por eso a consultar libros y sus propios cuadernos de apuntes antes de dar las clases a fin de repasar los aspectos más menudos del tema y organizarlo en una secuencia que haga la exposición fácil y natural.



El ciclo de deformación del conocimiento:
Se establece el ciclo de la transferencia de la información, que comienza cuando el docente prepara su clase y se completa cuando él juzga los exámenes de los alumnos.
La primera fase del ciclo marcha bien, pues la mayoría de los profesores comprenden los libros que consultan y son expertos en el arte de exponer los conocimientos que poseen.
La segunda fase del ciclo consiste en el paso al cuaderno de apuntes, durante la clase, de lo que el profesor expone. Y en esto tiene lugar una degradación drástica de lo explicado, por cuanto el profesor se mueve en un plano intelectivo, no solo de persona adulta sino también especializada en la materia que enseña, por el doble efecto del estudio y preparación de sus clases y de la labor docente repetida. Y así resulta que lo que a él le parece fácil está lejos de serlo para quienes le oyen. Aún así los oyentes absorberán bastante de lo expuesto si pudiesen prestarle una atención concentrada y continua. Sin embargo, si lo hiciesen no se encontrarían desarmados llegado el momento del repaso para los exámenes. Por ello la clase se convierte a compilar material de consulta para recurrir llegado el momento de estudiar para el examen y no así a asimilar el contenido expuesto por el profesor.
En el transcurso de meses las anotaciones se amontonan, sin que el alumno tenga tiempo o incentivo para aclararlas. La víspera del examen tiene lugar la tercera fase del ciclo: trasladar lo que está en el cuaderno a la memoria del alumno. Solo entonces se da éste cuenta de que sus apuntes son incompletos e incluso incomprensibles. Pero no hay tiempo para nada más. Hasta el último momento, se pasea de un lado para el otro por alguna plaza del barrio, o por la terminal de buses, lee sus resúmenes, tratando de entenderlos y se aprende de memoria lo que no comprende.
La cuarta fase es el traslado al ejercicio escrito en la prueba de lo que se le quedó en la memoria del estudiante. Suele ser un rompecabezas al que le faltan muchas piezas, expresando nociones asociados a términos técnicos con sentido dudoso, el estudiante batalla por construir respuestas aceptables, aún así muchos fracasan.
En la última etapa del ciclo el profesor sensible sufre al corregir esos exámenes, compara la fascinante información científica, que recogió de los libros y expuso tan bien en sus clases, con las frases inconexas que se repiten en todas las pruebas que se toman a lo largo de la gestión académica.

Empobrecimiento de la información:
De lo expuesto en párrafos anteriores queda claro cómo lo dicho por el profesor se empobrece en su traspaso al cuaderno de notas del alumno cuando se adopta el método tradicional de enseñanza. Pero, dicho contenido, desciende también de categoría de una manera más sutil, tanto que pasa fácilmente desapercibida, y se debe a la ilusión de pensar que las palabras evocan las mismas ideas en el profesor y el alumno.
El docente a lo largo del año lectivo, utiliza palabras científicas o técnicas, los alumnos llegan a familiarizarse con esos términos, pero lo que realmente significa para ellos es un misterio. Se forma así un mundo de conceptos científicos o técnicos en la mente del estudiante paralelo al mundo de conceptos del profesor pero nadie sabe las profundas diferencias que hay detrás de la identidad de esos términos.

La única manera de atenuar estas profundas diferencias de significados que hay detrás de cada término será la de procurar que los alumnos construyan sus conceptos sobre la base de hechos observados.












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